Hermandad de Madre de Dios del Rosario. Patrona de Capataces y Costaleros.


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Historia

HERMANDAD

La constitución de esta corporación trianera data de 1693, apareciendo como "Hermandad de la Madre de Dios y Señora Santa Ana". Benedicto XIV la agregó a la de Sta. María del Sufragio, de Roma, y Clemente XIII a la de San Blas, en la Vía Julia.

 

En 1747 se da cuenta del cambio del título de la imagen, adoptándose el de Madre de Dios por cuestionar los frailes dominicos de San Jacinto que usaran el del Rosario, cuya exclusividad querían reservarse (posteriormente la Hermandad recupera ese título, pero manteniendo también el de Madre de Dios). En 1750 ostentaba los títulos de Ilustre, Pontificia Hermandad y Archicofradía.

 

Por un libro de cuentas de la segunda mitad del s. XIX sabemos que las cuotas de los hermanos eran entonces de un real de vellón al mes y algunas de medio real, celebrándose numerosos cultos.

 

En el cabildo celebrado el 18 de Noviembre de 1954, bajo la tutela del párroco D. José María Arroyo Cera, se reorganizó la Hermandad con el nombre de Madre de Dios del Rosario.

 

Ese año la virgen recibía culto en el mes de Diciembre. La celebración del  Solemne Triduo iba desde el 2 al 5 de diciembre de dicho año. el día 7 de diciembre a las diez de la noche salió la virgen por las calles de la feligresía, con el mismo itinerario que hoy día se sigue realizando y que concluyo a las doce de la noche coincidiendo con la clausura del Año Mariano. Para la celebración de los cultos la Junta de Gobierno solicitó a la Pontificia, Real e Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento y la Pura y Limpia Concepción todos los materiales que usaban para sus cultos para así poder celebrar el triduo a nuestra Amantísima Titular. También para la salida la Hermandad pide enseres como las andas, peana, faldones y respiraderos. Varias Hermandades se solidarizan con nuestra Hermandad de alguna manera para hacer esto posible como la Hermandad de la Divina Pastora de Triana que aporto sus candelabros y las dalmáticas para los acólitos, o la Esperanza de Triana que cedió los ciriales y varas o la Hermandad del Carmen de San Gil que cedieron sus jarras.

 

Ya en el año siguiente, la Hermandad de la Divina Pastora de Triana, concede la cesión del paso para poder así sacar en  su procesión a nuestra Titular. Ese mismo año se decide cambiar los cultos que pasaría a ser en Octubre. el Besamanos se celebró durante los días 1 y 2 de octubre, siendo una novena la que siguiera con los cultos a Madre de Dios del Rosario desde el 4 al 12 de Octubre. La procesión se realizaría el día 16 de dicho mes donde se realizaría el mismo itinerario del año anterior con la simple excepción de llevar a nuestra Amantísima Titular al convento de las Mínimas pasando por el Colegio de Reina Victoria.

 

Pero tras todo eso había un trasfondo; un grupo de hermanos comenzaban a pensar la idea de proclamar a Madre de Dios del Rosario Patrona y Protectora del gremio del  martillo y la trabajadera.

 

Como tantas cosas importantes de nuestra hermandades la cuestión se lanza entre las cuatro paredes de una taberna, en concreto la de la Galiana, en la antigua calle Confesos, actual Rodrigo de Triana. Jerónimo Borrero y Manuel Bejarano, los mas enfervorizados defensores de aquella idea del patronazgo, llevan la propuesta a don José, el cura de Santa Ana, que desde un primer momento se muestra muy ilusionado porque Nuestra Titular adquiera la proclamación de bienhechora de un mundillo básico para el funcionamiento de nuestra Semana Santa. Más tarde la cuestión llegaría al Cardenal Bueno Monreal. Todo fue sobre ruedas; Triana y Madre de Dios del Rosario se llevan la palma.

 

El año es 1957 y el día 1 de diciembre, más de doscientos capataces y costaleros acuden ese día en la Catedral de Señora Santa Ana al Solemne Acto de Proclamación mostrándose todos ellos, en palabras del historiador de las Glorias, Juan Martínez Alcalde, ”visiblemente emocionados ante la grata satisfacción de verse amparados por tan Gran Señora…”

 

En este año también se lleva a cabo la restauración y pasado del manto de la Virgen, siendo costeada la misma por el Hermano Mayor don José María Arroyo Cera y la Fábrica Parroquial, ”en reconocimiento de los beneficios que dicho manto ha prestado a la parroquia”, de lo cual desprendemos que debió ser utilizado en  aquel tiempo por varias imágenes de la misma. La cita nos demuestra que, pese a que nuestros enseres eran escasos y se seguía solicitando el paso a la Pastora para la procesión, así como las insignias a otras corporaciones, lo poco que teníamos lo prestábamos.

 

Señalemos al hilo de esta cuestión como en 1958 se recibe la visita de la Hermandad de los Gitanos, con el fin de solicitar el manto recién restaurado de la Virgen para que lo luzca su Dolorosa titular, la Virgen de las Angustias, en la procesión de gloria que realiza en septiembre, a lo cual nuestra hermandad accede. Otro elemento de nuestro patrimonio de la primera etapa, la vieja peana dorada sobre la que luce nuestra imagen, es restaurada ese mismo año por los señores Jiménez y Guzmán, quienes presentan un presupuesto inicial de 7.500 pesetas. Ya en 1958 se sorteaban los capataces de la patrona, siendo el elegido de ese año don Rafael Ariza Aguirre.

 

En 1969 el sacerdote jesuita Carlos Carrillo de Albornoz, gran valedor de esta corporación, bendice una magnífica Casa Hermandad, que también prestaría un gran impulso la convivencia entre los hermanos.

 

Patrimonio corporativo.

 

Elementos antiguos de gran importancia son el retablo de la capilla y el simpecado. Este último luce aplicaciones de plata sobre terciopelo granate rodeando una artística pintura (escena “de los lirios o de los tallos”, prefiguración de la Inmaculada). El retablo se fecha en el penúltimo decenio del siglo XVII, aunque ha tenido importantes reformas modernas; sus columnas salomónicas van en tono marrón o caramelo, sobre el que resalta con mayor intensidad las vides doradas que las envuelven profusamente. En 2003 se estrenó una saya en tisú color crema, con bordados procedentes de un traje de luces de Francisco Rivera Ordóñez, ensamblados por Paleteiro. También se doraron los candelabros traseros y se añadió un escudo para completar la curiosa serie heráldica de las Hermandades Sevillanas que figuran en las andas, sobre las mallas de los respiraderos. El interesante Libro de Reglas se encontraba depositado en los talleres del IAPH, a la espera de su restauración.

 

Patrimonio musical.

 

Entre los papeles históricos se conserva un documento notable, de carácter musical: “Motete a 4 con Violines, Gaude María Virgo... Compuesto por Don Francisco Manuel Díaz, año de 1780”. Lleva anotado en su cubierta: “Soy del Rosario de la Madre de Dios sita en la Real Iglesia Parroquial de mi Sra. Sta. Ana de Triana, año de 1789”.

 

En Cabildo de 21 de enero de 1972 se nombra hermano de honor al gran compositor don Antonio Pantión, autor de la inspirada marcha procesional “Madre de Dios del Rosario”, compuesta a ruegos del capataz don Salvador Dorado, que entonces era viceteniente hermano mayor de la corporación trianera. El día 10 de enero don Antonio Pantión interpretó amablemente al piano la citada marcha en su casa particular y entregó al hermano mayor don Rafael Franco la partitura original, que lleva la siguiente dedicatoria: “A la simpática Hermandad de Capataces y Costaleros de Sevilla, con verdadera admiración. El autor A. Pantión, Sevilla 1-12-71”.

 

Celebrándose el Año Internacional del Rosario, proclamado por Su Santidad Juan Pablo II para el período octubre de 2002 a octubre 2003, la Hermandad tenía previsto para el 30 mayo la celebración de un concierto musical a cargo de la banda del Carmen de Salteras, que este año había incorporado a su repertorio una nueva marcha procesional bajo el título “Madre de Dios del Rosario”, de la que es autor Julio Vera.

 

Otras notas de interés.

 

Uno de los Libros de Actas del siglo XIX tiene la particularidad de registrar una nevada en Sevilla (1885). Durante el siglo XX al menos por cuatro veces la titular pasó el puente de Isabel II para ir hasta el centro de la capital: Un Corpus antiguo (1913), la Semana Mariológica en el Salvador (1982), la Exposición de las Glorias (1992) y el Pregón de las Glorias (1993). A imitación de esta Hermandad sevillana surgió otra de capataces y costaleros en Jerez de la Frontera. Para el Corpus Chico de Triana siempre instala un altar en la fachada de su Casa Hermandad, teniendo como centro el hermoso azulejo que preside la misma. De la misma forma, se instala allí una concurrida y magnífica tómbola durante la Velá de Santa Ana. Merece verse la procesión por calle Pureza, particularmente la estación ante la Capilla de los Marineros.

 

Paso Procesional.

 

 

Luce la imagen sobre esbelta peana de madera dorada, herencia de época antigua posiblemente siglo XVIII). En 1958 se acordó que fuera restaurada por los señores Jiménez y  Guzmán, quienes presentaban un presupuesto cifrado inicialmente en 7.500 pesetas. Posteriormente, en 1967, Manuel Guzmán Bejarano le hizo otra restauración total.

 

Encima de los mensulones delanteros de la peana se colocan dos preciosas figurillas dieciochescas de Arcángeles, sujetando cintas con filacterias. Detrás, alrededor de la fimbria del manto de la Señora, vuelan cinco querubines desnudos, cuya hechura se gestionó en un Cabildo de 1970 y se deben a la gubia de Rafael Barbero Medina.

 

La iluminación corre a cargo de cuatro altos candelabros que Guzmán Bejarano ejecutaba según dibujo propio en 1964, aunque no se doraron hasta 1967. Llevan en su base unos salientes triangulares, a juego con la peana de la Virgen, y arriba nueve guardabrisas cada uno, armónicamente distribuidas, con 36 coronillas y tazas repujadas por Villarreal en 1969. Con el transcurrir del tiempo este juego de candelabros ha sido restaurado, proyecto que culmina en 2003 con los dos que van en la parte trasera.

 

El llamador o «martillo» en metal fundido (1963), representa la clásica estampa de un costalero encajando a otro la ropa en su cabeza. Es obra de Villarreal, como todas las restantes orfebrerías. Tras el llamador vemos una Purísima de unos 30 centímetros de altura, de plata de ley y peana labrada en metal plateado. Se inspira en la del Sagrario de la parroquia de Santa Ana y la regaló el mismo don Agustín López Merino en 1966. Sujeta por ángeles, esta figurita sugiere (paños volados, movimiento ascendente...) la frase «¡AI Cielo con Ella!», que en fervoroso arrebato pronunció un capataz al levantar cierto paso. Del año siguiente (1967) las dos curiosas jarritas para flores que van en la parte delantera, imitando las campanas «San Joaquín» y «Santa Ana» de la torre parroquial. En el centro de los costados aparecen dos jarras grandes, regalo igualmente del Sr. Merino. También figuran en esta zona cuatro jarras medianas, todas las cuales llevan cincelados diversos motivos cofradieros (acólito con cirial, nazarenos...) Sobre ellas se distribuye el exorno floral, el cual también fluye abundantemente a lo largo y esquinas del paso, con la prodigalidad y exuberancia típica de las hermandades trianeras.

 

Comentario especial merecen los respiraderos. Son de amplia, larga y menuda historia. El contrato se firmó el 20 de mayo de 1968, y el 12 de octubre del mismo año se estrenó la parte frontal. En 1969, tras nuevas diligencias y acuerdos, los respiraderos salieron terminados en su parte de orfebrería (también de Villarreal). Quedaban entonces los bordados, los cuales se iniciaron por la casa Caro y se ejecutaron paulatinamente sobre la idea base de que figurasen los escudos de diversas hermandades sevillanas, cada cual costeado por su corporación respectiva. Incluso se estudió la posibilidad de que dichos escudos fueran sobre esmaltes; pero después de pedir muestras a una casa madrileña que era ya de las pocas que en España trabajaban tal especialidad, se optó mejor por hacerlos bordados, sobre una plantilla metálica para darles relieve. Hasta 1988 solamente estaba finalizado el paño frontal. Después se ha proseguido la tarea de bordarlos, cubriendo poco a poco los paños laterales y trasero. Para la salida de 1996 se anunciaba la terminación (aunque a falta aún de escudos y detalles). En 2003 el Coro de la Hermandad regaló unos faldones en tela de damasco rojo Restauraciones: En 2006 la peana apareció remozada y fortalecida en su estructura. Las tareas de carpintería y tallado de las piezas deterioradas se realizaron en el taller de Francisco Castillo Galán, y el dorado por José Serrano García, que ya hizo lo propio con los candelabros de guardabrisas de este paso. En 2006 los respiraderos han sido restaurados por el taller de Hijos de Juan Fernández, en lo que afecta a la parte repujada, mientras que en el taller de Paleteiro se ha limpiado la parte de malla y bordados. Y en 2007 se indica que la Junta de Gobierno anterior en el mandato había entregado una nueva parihuela, la cual es algo más larga.

 

 

Fuente: Guía de Hermandades de Gloria 2008, 2009 y 2010. Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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